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Cuestión de vida o muerte: cómo una visa de pareja australiana podría salvar la vida de Luciano

"Peruvian society is full of prejudice and being gay, openly gay, it's difficult to be who you are." Source: SBS

A pesar de haber crecido en uno de los países más notoriamente homofóbicos de América Latina, Luciano dice que sintió por primera vez todo el peso de la discriminación sexual y étnica cuando tuvo que enfrentarse a un tribunal de inmigración en Australia.

Fue una "experiencia recontra fuerte", cuenta Luciano, mientras lucha por expresarse sin que se le rompa la voz.

"Era la primera vez en mi vida, de hecho, en que alguien me dijo que ser homosexual era algo ‘malo’.

“Estar frente a una miembro del jurado que me discriminó en todos los aspectos del sentido, fue algo… no (solo) denigrante, pero si me bajó la moral totalmente.”

Las palabras que Luciano escuchó ese día todavía lo persiguen hoy. A pesar de haber crecido en Perú, un país donde la violación 'correctiva' y forzada de personas homosexuales no es extraña, la educación internacional que le brindaron sus padres significó que su sexualidad siempre había sido aceptada y respetada, hasta ese preciso momento.

Era 2017 cuando el chef peruano Luciano Valentino estaba argumentando su caso para una visa de pareja, junto con su compañero australiano, Andrew.

El suyo era un caso complejo, y el resultado de la decisión del tribunal potencialmente significaba la diferencia entre la vida y la muerte.

Para ese momento Luciano ya era VIH positivo y había excedido su visa anteriormente. Sin embargo, él se había quedado en Australia más allá de la fecha de expiración de su visa en contra de su voluntad.

Luciano and partner Andrew.
Luciano and partner Andrew.
Supplied

Después de graduarse de una de las mejores escuelas de cocina de América Latina y haber pasado años trabajando internacionalmente como chef internacionalmente, Luciano llegó a Australia cuando tenía 23 años.

Estaba trabajando en un crucero cuando atracó en Melbourne en 2013. Allí, conoció a un hombre del cual se enamoró, así que decidió quedarse en el país por un tiempo. Pero a los pocos meses, la relación se volvió tóxica; hasta el punto de que Luciano quedó cautivo. El hombre era bipolar y arremetía violentamente contra él cuando sufría de ataques de ansiedad.

“El retuvo mi pasaporte, se convirtió en una persona muy abusiva… no sé ni cómo explicarlo”, recuerda.

“No solamente me robó el pasaporte, sino cualquier cosa que hacía, me amenazaba, diciendo, ‘voy a llamar a la policía’ o ‘te van a llevar a Christmas Island’. Yo estaba con las manos atadas. Era una persona que sufría de ansiedad, de bipolaridad, entonces fue una cosa recontra fuerte en mi experiencia de vida”.

Luciano cuenta que logró escapar después de que una amiga australiana le dijo que tenía que alertar a las autoridades de su situación.

“Fui a la policía porque ya era una cosa demasiado extrema que jamás en mi vida había experimentado. O yo moría, o regresaba a mi país.”

Luciano and his dogs.
Luciano and his dogs.

Años más tarde, Luciano pensaba que había dejado atrás el trauma de su pasado.

Estaba en una relación amorosa con su pareja actual, Andrew. Se habían conocido a través de la hermana de él, una barista con quien Luciano trabajaba en un café de Melbourne, la "mejor ciudad del mundo".

Juntos, Andrew y Luciano habían formado una familia de siete, completa con dos perros, un gato y un par de periquitos.

Luciano describe su relación como "única". Sus personalidades "se complementan entre sí”, “como el yin y el yang", dice.

"Suena un poco cheesy, un poco pegajoso, pero es la verdad", Luciano confiesa.

Mientras Andrew es "estructurado", Luciano se describe a sí mismo como "relajado" y "tranquilo". Luciano considera que conocer a Andrew era parte importante de su destino.

“Creo que la razón por la que tuve que llegar a Australia fue para conocerlo a él. Y lo sigo creyendo y hasta el día en que me muera va a ser la razón que voy a decir de porqué vine a Australia.”

Pero la pareja no tenía idea de que la vida estaba a punto de lanzarles una bofetada.

Una semana antes de reunirse con la abogada que manejaría su solicitud de visa de pareja, Luciano descubrió que era VIH positivo. Él cree que este fue otro legado que heredó de su relación anterior.

Cuando Luciano se presentó en su primera audiencia en el tribunal de visas en 2017, su solicitud de visa de pareja fue rechazada.

Había estado con Andrew por más de los dos años prescritos, pero esto no fue evidencia suficiente para el tribunal.

Luciano afirma que el tribunal no ofreció razones sustanciales para explicar por qué consideraba que él y Andrew no eran una "pareja genuina", el criterio principal por el cual se otorgan las visas de pareja en Australia.

En cambio, Luciano dice que se enfrentó a un trato discriminatorio.

“La primera vez que fuimos fue una experiencia traumática, que la verdad, se me ponen los pelos de punta de pensar lo que pasó”, explica Luciano.

“Fue un comentario que, hasta ahora, te lo juro, me retumba en el cerebro. (La jueza) me dijo, ‘claro, pero tu eres gay, en algún momento te tenías que contagiar de VIH”. 

Fue como si el destino de todas las personas homosexuales es que sufran o que vivan con este virus. En ese momento, te lo juro, mi cerebro empezó como a retroceder. Fue una cosa muy traumática.

Antes de siquiera tener la oportunidad de presentar sus argumentos, Luciano ya había sentido que la audiencia había tenido un mal comienzo.

“Mi inglés no es el más perfecto del mundo, pero hablo bien el inglés. Y cuando le trato de decir a la jueza, hola, ¿qué tal?, soy Luciano, estoy acá… Se lo traté de hablar en inglés y con un modo muy cortante me dijo ‘shut up’, cállate, acá tienes la traductora, habla en tu idioma. Y yo… pum! Se me bajó la presión y bueno, esto ya empezó con el pie izquierdo. Y bueno, no quiso escuchar mi alegato en inglés y entonces, me sentí un poco así discriminado en ese aspecto.”

La experiencia de Luciano no es un hecho aislado. Una investigación de dos años publicada en el Sydney Morning Herald citó numerosas fallas dentro de la División de Refugiados y Migración del Tribunal de Apelaciones Administrativas al tratar específicamente con solicitantes homosexuales.

La investigación reveló cómo algunos solicitantes de visa, en su mayoría "solicitantes de asilo que huyen de la persecución en sus países de origen por su sexualidad, pueden enfrentar estereotipos problemáticos cuando se les pide que demuestren su buena fe en Australia".

"Hay críticas sobre la falta de calificaciones y capacitación de los funcionarios del Tribunal en temas de refugiados (y LGBTQI)", dice la investigación.

"Los funcionarios del Tribunal han sido acusados ​​durante mucho tiempo de juzgar a los solicitantes basándose en una serie de estereotipos de homosexuales occidentales ... Debido a que no hay pautas para tratar con los solicitantes LGBTQI, un miembro del Tribunal tiene la libertad de hacer casi cualquier pregunta que deseen, ya que no se trata de un juicio tradicional".

Luciano, left, and Drew, right, with their lawyer Yunn Chen
Luciano, left, and Drew, right, with their lawyer Yunn Chen outside the tribunal.
SBS

Para Luciano, quién vive actualmente en Australia con una visa puente o Bridging visa E, el proceso de solicitud ha sido “un calvario”.

Con los años, ha gastado miles de dólares en costos legales y ha pasado un sinfín de horas argumentando su caso.

“Fue toda una montaña rusa de emociones y dinero, pero el dinero es lo de menos en esta situación… Aplicaba a mis ‘work rights’ me daban mi ‘work rights’ pero a las dos semanas me lo quitaban. Tenía que volver a aplicar… y al mes, dos meses me lo volvían a quitar. Y fuimos así por casi todo un año, hasta que apelamos al tribunal, entonces dieron una fecha como dos años después de eso. Pero en ese interín de dos años, me daban y me quitaban los ‘work rights’.

Pero el dinero gastado es la menor de sus preocupaciones. El poder permanecer con Andrew en Australia es el motor principal que impulsa a Luciano.

Luciano y Andrew decidieron apelar el rechazo de la visa ante el Tribunal Administrativo de Apelaciones, por lo que tuvieron que esperar dos años para una nueva audiencia con un solo juez.

El Tribunal suele ser la última opción para revocar una decisión de visa en Australia, salvo una súplica desesperada al propio Ministro de Inmigración.

Las probabilidades estaban en su contra. La ley exige que Luciano espere en Perú mientras se considera su solicitud, pero esto es algo que Luciano no puede hacer debido a su salud.

En Perú, Luciano no tendría acceso al medicamento que lo mantiene saludable, e importarlo a Perú desde los Estados Unidos sería prohibitivo.

Además, generalmente se les rechaza la visa a aquellos solicitantes de visa que se estime cuesten al sistema de salud australiano más de $49,000 durante 10 años.

La única esperanza de sobrevivencia para Luciano era convencer al Tribunal de que lo dejara quedarse.

Sin embargo, Luciano se mantiene optimista.

“Sonará como salido de un cuento de arcoíris y unicornios, pero la verdad es que desde empezamos con Andrew todo el proceso, siempre nos hemos mentalizado de que todo, todo esto va a salir ok.”

Cuando Luciano tuvo que enfrentarse al tribunal por segunda y última vez, las cámaras de SBS estaban allí para capturar la pelea por su vida, como parte de la innovadora serie, Who Gets to Stay in Australia? (¿Quién puede quedarse en Australia?).

Era la primera vez en la historia de la televisión australiana que las cámaras documentaban algo así.

¿Quién se puede quedar en Australia? Sigue la vida de 13 migrantes y sus familias que desean establecerse en Australia, mientras navegan por el largo y complejo camino hacia la residencia permanente.

La serie presenta a personas cuyas solicitudes han sido rechazadas previamente y están en su apelación final para permanecer en el país.

Luciano dice que decidieron participar en la serie, ya que era una oportunidad para que otros vieran su realidad.

“La verdad que a mí y a Andrew particularmente nos encantó porque abre una ventana para la gente que en verdad está realmente está pasando la misma situación”.

Luciano considera que la migración es un tema importante que debe ser discutido a fondo en Australia.

“Si no se habla, se vive en la ignorancia, y la ignorancia es el peor demonio que pueda tener una sociedad”.

Cada tres minutos, alguien obtiene la residencia permanente en Australia, pero cada año más de 40,000 personas son rechazadas.

Luciano dice que si se queda en Australia, finalmente podrá pensar en un futuro estable con Andrew.

“Formar algo juntos, yo y Andrew. Porque los últimos cuatro años han sido, no podemos tener esto, porque no sabemos qué va a pasar, no podemos comprar esto porque no sabemos qué va a pasar”.

Si tiene éxito, el sueño de Luciano y Andrew es “comprar una casa y tener muchos más perros de los que ya tenemos".


Si necesitas apoyo emocional después de leer esta historia puedes llamar:

Lifeline 13 11 14

Beyond Blue 1300 22 4636

Si eres víctima de violencia doméstica, llama al 1800 RESPECT

En caso de emergencia, llama al 000 inmediatamente.

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