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Estudiante internacional contagiada de COVID-19 en Australia arrastra secuelas de la enfermedad por más de un año

Vaccinated international students to return on 1st December. Source: Getty Images/urbazon

Las secuelas del coronavirus que Carolina lleva arrastrando desde hace más de un año han tenido un gran impacto en su estilo de vida. Ahora todos los días debe interrumpir sus actividades, tres veces al día, para continuar con sus terapias post COVID.

En julio de 2020 Carolina* se contagió de COVID-19 y tuvo que enfrentar uno de los momento más dramáticos de su vida como estudiante internacional en Australia. Un año después, aún padece las secuelas de la enfermedad y su vida y sus planes han cambiado por completo, al grado de sentirse como “una viejecita” a sus 32 años.

Lejos de su familia y sin más apoyo que el de su pareja y amigos, Carolina ha logrado retomar sus estudios y encontró un trabajo donde le permiten ir más despacio debido a las secuelas que el COVID-19 dejó en su organismo. 

Después de su triste experiencia con la pandemia, Carolina y su esposo han abandonado la idea de establecerse en Australia y ahora sólo esperan la fecha de vencimiento de sus visas.


Puntos destacados:

  • Después de un año de haberse contagiado con COVID-19, la estudiante internacional aún arrastra secuelas de la enfermedad.
  • Cambio de rutinas, de trabajo y terapias tres veces al día son algunas de las cosas que esta estudiante internacional ha tenido que enfrentar en el último año. 
  • La estudiante colombiana pide a los jóvenes de su edad ser un poco más consientes de los desafíos que puede ocasionar esta enfermedad si no se protegen.

Era julio de 2020 cuando Carolina, una estudiante internacional colombiana radicada en Melbourne, se enteró que había dado positivo a COVID-19 y que tendría que aislarse por dos semanas.  

Esto implicaba el riesgo de perder el único empleo que aún le quedaba, el de supervisora en un restaurante, después de que con el avance de la pandemia su otros trabajo casuales fueran desapareciendo poco a poco.  

Lejos de la familia, sólo con su pareja -otro estudiante internacional, también contagiado- y sin mucha ayuda, ambos jóvenes enfrentaron una de las etapas más difíciles de su vida como inmigrantes.

En esos meses, la pandemia por el coronavirus ya comenzaba a sentirse más intensamente en Australia, particularmente en el estado de Victoria, que por esos días salía de su segundo confinamiento. 

El apoyo financiero de $1,500 dólares para la gente que daba positivo al contagio comenzaban a fluir.  

Desafortunadamente para Carolina esta ayuda llegó tarde. Al obtener su resultado positivo justo dos días antes del anuncio de estas ayudas del gobierno, Carolina quedaba totalmente fuera del programa de beneficiarios.

El anunció de las ayuda se dio el 2 de agosto y Carolina recibió sus resultados el 30 de julio.  

Sin embargo, a la estudiante le ofrecieron los $450 dólares que el gobierno del estado otorgó a aquellos que tenían que quedarse en casa a esperar la prueba. 

Andrés*, en ese entonces novio de Carolina, sí recibió la ayuda de los $1,500 dólares, debido a que él trabajaba como repartidor de comida y al aislarse por dos semanas no contaba con ningún ingreso económico.

“Ese dinero fue prácticamente una bendición. Nosotros hablamos con el dueño del apartamento, le expusimos nuestro caso y esa persona nos colaboró. Nos dijo que le podíamos pagar lo que le debíamos de renta cuando nos llegara la ayuda del gobierno”, explica Carolina. 

Otro apoyo fue el acuerdo al que llegaron Carolina y Andrés con el dueño del departamento, quien les permitió pagar menos renta por los siguientes tres meses, para que se repusieran física y económicamente.

“Nosotros le dijimos que creíamos que en tres meses ya estaríamos bien de salud, trabajando y que las restricciones ya habrían pasado”, comenta Carolina.

Nunca pensó que podría quedar con secuelas de COVID-19

Pero nada de eso sucedió. Las restricciones por la pandemia en Melbourne desde entonces han sido interminables y lo peor, Carolina quedó con secuelas de COVID-19. Una parte de su pulmón izquierdo está colapsado.

“Después de que obtuve mi resultado negativo yo seguía con dolor en la espalda, en la parte de los pulmones y el pecho. Si caminaba bastante o hablaba demasiado, me asfixiaba mucho. Entonces fui con mi médico general y en una tomografía de pulmón resultó que en mi pulmón izquierdo tenía atelectasis”, detalla Carolina.

Atelectasis es un colapso total o parcial del pulmón y puede causar molestia o dolor al respirar.

Me dolía muchísimo para respirar. Era un dolor en la espalda que me duró como ocho meses, más o menos.

Durante esos ocho meses Carolina estuvo con medicamentos, terapias y presentaba un bajo rendimiento debido al cansancio que experimentaba. 

Afortunadamente, el seguro médico de estudiante internacional cubrió todos sus gastos médicos.

A seguir trabajando para pagar las cuentas

Pero las facturas, la renta y la comida había que seguirlas pagando, y debido a que el restaurante donde trabajaba la estudiante colombiana cerró, Carolina tuvo que comenzar desde cero en un nuevo sector, el de la limpieza. 

“Empecé a trabajar en la limpieza y aquí sigo porque con esta situación, de que abren y  cierran cada 15 días, el trabajo en hostelería no es estable. Entonces lo único que ahorita es estable es trabajar en la limpieza, porque es algo esencial que la gente necesita que se tengan los edificios limpios”, señala Carolina.

Sin embargo, su rendimiento en este trabajo no ha sido el ideal. Debido al COVID-19, Carolina tiene que hacer pausas constantemente e incluso tuvo que comprar equipo de trabajo de su propio bolsillo para hacer la carga laboral más ligera.

“Trabajo en un edificio de 14 pisos y me toca aspirar. Y obviamente con el calor de la aspiradora y su peso me dolía muchísimo la espalda. Entonces lo que hice fue comprarme una aspiradora de mano inalámbrica, de esas que se arrastran por el piso. Y como mi jefe sabe de mi situación médica, entonces me permite sentarme, descansar y seguir”, describe la estudiante colombiana.

Terapias tres veces al día

Las secuelas que Carolina lleva arrastrando desde hace más de un año debido al COVID-19 han tenido un gran impacto en su estilo de vida. Ahora todos los días debe interrumpir sus actividades tres veces al día para continuar con sus terapias post COVID. 

“Cuando me resultó lo de la atelectasis me mandaron a hacer terapias respiratorias. Básicamente es volver a aprender a respirar. Tengo que hacer ejercicios de sostener la respiración, soplar con un pitillo, inflar bombas y demás. Todo esos ejercicios son tres veces al día, mañana, tarde y noche” explica Carolina. 

Pero como después de algunos meses el dolor persistía, a Carolina le mandaron a hacer drenajes pulmonares porque decían los doctores que tenía mucha flema. Además, le recomendaron usar un inhalador, el cual aún utiliza dos veces al día.

Me canso bastante para respirar y la flema todavía no se me ha ido. Digamos que ya aprendí a vivir con esto. 

Afortunadamente, el hoy esposo de Carolina no tuvo secuelas por COVID-19 y es quien ha tomado la batuta con los ingresos y ayuda a la estudiante con sus terapias.

Solos, con problemas de salud, atrapados en un ciclo de visas de estudiante que no los llevarán a la residencia permanente, Carolina y Andrés han decidido que regresarán a Colombia apenas la situación mejore y se termine su visa.

Por lo pronto, intentan seguir con su vida en Australia y agradecen las pocas oportunidades que aún les brinda este país, como una vacuna contra el COVID-19, de la cual ya han recibido la primera dosis.

Carolina está aprendiendo a vivir con las secuelas que le dejó el coronavirus. A sus 32 años dice que a veces se siente como una “viejecita” por su actividad tan limitada, por eso invita a otros jóvenes de su edad a que pongan más cuidado en su salud, ya que el COVID no discrimina.

“Quisiera que fueran un poquito más conscientes con la situación que está pasando respecto al COVID. Lastimosamente hasta que tú no lo vives, hasta que a ti no te pasa, no vas a saber cómo va a reaccionar tu cuerpo ante este virus. Lo digo por experiencia, soy una mujer joven, tengo 32 años, tengo un estilo de vida saludable, no fumo, no tomo, hago ejercicio mínimo cuatro veces por semana, me alimento muy bien y nunca he tenido una enfermedad de base que pudiese haber sido un riesgo ante el virus. Entonces, no demos por garantía que porque somos jóvenes el virus no nos va a hacer nada”, concluye Carolina 

*Sus nombres reales ha sido cambiados por cuestiones de privacidad. 

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