La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR, en inglés) se reúne desde el lunes hasta el 1 de noviembre en la ciudad de Hobart, en la isla de Tasmania, una cita que se celebra después de las protestas juveniles en todo el planeta para pedir a los gobiernos más acciones para mitigar la emergencia climática.
“Los miembros de la CCAMLR estarán en el centro de la atención dado que pondrán a consideración propuestas para la creación de áreas marinas protegidas de gran escala en el Océano Meridional que rodea a la Antártida”, dijo Claire Christina, directora ejecutiva de la Coalición del Océano Meridional y Antártico.
La CCAMLR, que agrupa a 25 naciones como Australia, Argentina, Chile y España, así como a países de la Unión Europea, se comprometió hace más de una década a crear una red de parques marinos protegidos alrededor del continente blanco, pero hasta la fecha solo se ha aprobado la creación de una zona en el Mar de Ross, de 1,55 millones de kilómetros cuadrados.
Las zonas protegidas propuestas en Antártica Oriental, que impulsa Australia, Francia y la UE, el Mar de Weddell, apoyada por Alemania y la UE; así como la Península Antártica y el Mar de Scotia, respaldada por Argentina y Chile.
Las tres áreas suman unos 3,4 millones de kilómetros cuadrados.
Los ecologistas aseguran que la pérdida de la biodiversidad se está acelerando a nivel mundial y la tasa de extinción es decenas de miles de veces más alta que en el pasado. Sin cambios significativos, más de la mitad de las especies del mundo marino pueden extinguirse para el 2100.
“La ciencia es clara. El reciente informe de la ONU indica que las redes de áreas protegidas marinas son críticas para que nuestros océanos y la criósfera puedan juntar fuerzas para luchar contra el cambio climático”, indicó en un comunicado Andrea Kavanagh, director del Fideicomiso Pew Charitable de la Atártida y el Mar Meridional.
Asimismo el Fondo para la Naturaleza (WWF, siglas en inglés) presentó un informe ante la CCAMLR alertando que temperatura del mar en la Antártida Occidental y en la Península Antártida ha aumentado más de 2,7 grados centígrados desde la década de 1970, cinco veces más que la tasa de calentamiento global.
Desde la década de 1950, se ha registrado una reducción del 25 por ciento de las plataformas de hielo, elemento clave en los ecosistemas marinos y cuya desaparición compromete la supervivencia de poblaciones de krill, pingüinos y ballenas.
"Las redes de áreas marinas protegidas bien gestionadas son herramientas potentes que permiten que la vida salvaje y los hábitats se recuperen y fortalezcan ante futuras perturbaciones", indica el informe de WWF.
La pérdida de los hielos pone en grave peligro al fitoplacton, un organismo clave en la cadena alimenticia, así como a ballenas y pingüinos deben desplazarse distancias más largas para encontrar alimentos, mientras que les resta protección a las ballenas minkes que se escudan del hielo contra sus depredadores.
"En los últimos cuatro años, la Antártida perdió más hielo marino que en el Ártico en 34 años", indica el documento.
En los hábitats del krill, que alimenta a ballenas, pingüinos, focas, aves, peces, entre otros, también se realizan actividades de pesca comercial, que solamente el año pasado capturó 312.989 toneladas de estos organismos, la mayor captura registrada desde 1991.
