Un día como hoy, hace diez años, un 13 de febrero de 2008, el entonces primer ministro laborista, Kevin Rudd, pidió perdón “sin reservas” al pueblo aborigen y a los isleños del Estrecho de Torres en nombre de Australia por el dolor y el daño causados en el pasado.
"Hoy honramos a los pueblos indígenas de estas tierras, la cultura existente, más vieja de la historia de la humanidad", dijo el mandatario australiano ante el Parlamento de Camberra. "Reflexionamos, en particular, sobre el maltrato a los que fueron de las generaciones robadas, este capítulo manchado de la historia de nuestra nación", precisó en esa emotiva alocución.
Las “Generaciones Robadas” están conformadas por los miles de niños y jóvenes aborígenes que entre 1910 y 1970 fueron separados por la fuerza de sus familias y dados en adopción o colocados en instituciones religiosas o públicas como parte de la política de la Australia blanca que buscaba aculturarlos y diluir todo vínculo con sus tierras y sus raíces culturales y ancestrales.
“El dolor es abrasador, grita desde las páginas, el dolor, la humillación, la degradación y la brutalidad absoluta del acto de separar físicamente a una madre de sus hijos es un asalto profundo de nuestros sentidos y de la más elemental humanidad”, recordó ayer Rudd ante el Club de la Prensa.
Esa disculpa histórica fue un hito en el proceso de reconciliación.
“Una cosa que hizo la disculpa fue aclarar contundentemente que el entendimiento y el reconocimiento de los errores del pasado y sus impactos continuos son cruciales para contruir relaciones más fuertes que son el centro mismo de la reconciliación”, dijo la directora ejecutiva de Reconciliation Australia, Karen Mundine.
“La disculpa fue un paso significate hacia la sanación de las heridas del pasado y el reconocimiento del sufrimiento y la pérdida experimentada por las Generaciones Robadas y ampliamente por las comunidades aborígenes y del Estrecho de Torres”, enfatizó la ejecutiva indígena.
Pero el proceso de reconciliación aún no está terminado porque aún hay muchos niños indígenas que son removidos de sus hogares en la actualidad para ser cuidados por terceros, sin tener en cuenta sus redes familiares extensas, lo que puede significar que aún esté cometiendo errores del pasado.
Actualmente el traslado de los niños de sus viviendas familiares a manos de terceros para que sean cuidados es diez veces más que en los casos del resto de la población de menores del país, según un informe Family Matters del año pasado.
“El trauma intergeneracional causado por las políticas de remoción ha sido reconocido como un factor que continúa incluyendo en la creciente sobrerrepresentación de aborígenes e isleños del Estrecho de Torres en los cuidados fuera de casa hoy en día”, subrayó Mundine.
Desde la colonización los indígenas han sido víctimas de constante maltrato, además de haber sido desposeídos de sus tierras y discriminados sistemáticamente.
Los aborígenes representan el tres por ciento de una población de más de 22 millones, viven en su mayoría sumidos en la pobreza, en zonas remotas o en condiciones paupérrimas, y con unos ingresos por hogar que apenas alcanzan el 62 por ciento de la media nacional.
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