Alrededor de 1,400 personas murieron en actos violentos por el referéndum del 30 de agosto de 1999 que otorgó la independencia a Timor Oriental. La tragedia ha dejado una huella aún fresca en una población que lucha por salir adelante.
La matanza conocida como “Septiembre negro” ocurrió en la ciudad timorense de Suai el 6 de septiembre de 1999, en el distrito de Cova Lima. El drama se desató a los pocos días de conocerse el resultado de un referéndum en el que los timorenses decidieron la independencia de su país. En un acto de venganza, grupos paramilitares opuestos al proceso de independencia y a favor de la incorporación a Indonesia, desataron la muerte y la destrucción.

Cerca de 200 personas se refugiaron en la iglesia Ave Maria en la ciudad de Suai junto con tres sacerdotes. Todos ellos fueron asesinados y sus cuerpos quemados frente al templo. En ese lugar se alzó un monumento que rememora aquella matanza.

Ahora el lugar sirve de punto de encuentro donde los vecinos se reúnen para conmemorar el 20 aniversario del referéndum, celebrar su independencia y recordar a las víctimas.
Para el misionero claretiano español Juan Ángel Artiles, residente desde hace una década cerca de Suai, aunque el 20 aniversario es un día festivo en el que las familias se reúnen, las heridas por aquella tragedia se mantienen abiertas.
“Tienen todavía el recuerdo, todavía hay mucha gente que recuerda lo que pasó y cómo vivieron esas circunstancias. Es una celebración un poco agridulce, por un lado están contentos, porque la independencia significaba mucho, pero se han dado un baño de realismo, porque pensaban en un desarrollo del país explosivo, pero el desarrollo ha sido mucho más lento de lo que esperaban.”

Por cientos de años, Timor Oriental había sido colonia portuguesa y en 1975 fue invadido por Indonesia, lo que dio inicio a una gesta independentista que duró 24 años.
Se estima que en ese proceso, más de 200,000 personas, cerca de un cuarto de la población, murió en el sangriento conflicto armado, por causa de la hambruna o por enfermedades contagiosas.
La fecha del referéndum del 30 de agosto de 1999 que otorgó la independencia a Timor Oriental es también trágica. Alrededor de 1,400 personas murieron en actos violentos. Pese a ello, el 78.5 por ciento de la población estuvo a favor de un Timor libre.

José Ramos Horta, ex presidente de Timor Oriental entre 2007 y 2012 y premio Nobel de la paz, explicó a SBS Spanish cómo el país ha cambiado desde aquella tragedia.
“Ha habido muchos progresos, construcción de Infraestructuras, electricidad, carreteras, casas, edificios, formación de médicos, en 2002 había 19 médicos hoy hay 1,000 médicos”.
El político valora la paz de la que disfruta el país y la normalización de las relaciones con su vecino, Indonesia. A pesar de ello, reconoce que aún queda mucho por hacer.
“Se puede decir que ha sido un fracaso el no poder garantizar la seguridad alimentaria, el agua limpia, logramos eliminar la malaria pero hay problemas como la tuberculosis o la mortalidad infantil, que continúan muy elevadas”, reconoce Ramos Horta.

A pesar de que la relación entre los gobiernos de Timor Oriental e Indonesia es cordial y positiva, el misionero español considera que la herida se ha cerrado de alguna manera, en falso.
Él explica que hay poco interés entre la población timorense en relacionarse con los indonesios.
“El número de personas que va a Indonesia no es alto, y el número de personas que vienen de Indonesia aquí, tampoco lo es. Yo creo que hay todavía un resentimiento grande por lo que pasó, fueron muchas víctimas y hay mucha gente que eran vecinos y que estaban muy enfrentados. El recuerdo es muy fuerte y no se ha llegado a la normalidad”, explica.
Artiles señala que Timor Oriental es un país muy joven, con un 60% de la población por debajo de los 25 años. Aunque esto pueda verse un potencial importante, también es un reto. El desempleo de los jóvenes de entre 15 y 24 años es del 10.48 por ciento y las oportunidades escasean.

“No tener un pasado largo es una dificultad. Una de las mayores es la de los recursos humanos, la falta de personal calificado. La mayoría de los profesionales eran de Indonesia y se volvieron después del referéndum de 1999. El país se quedó con un vacío de gente con formación media y superior que no se ha solucionado porque para eso se necesita tiempo”, asegura el misionero.
Artiles asegura que la mayoría de los trabajos de construcción que realizan los locales son los que requieren menor conocimiento y entrenamiento. Asímismo, explica que la transferencia de habilidades y formación especializada no está ocurriendo de manera efectiva, ya que la mayoría de las compañías que participan en labores de reconstrucción traen su propio personal calificado.
"En muchos casos las empresas son extranjeras, por lo que el impacto positivo que podría recibir el país con trabajo e ingresos económicos es pequeño”, asegura.
Pasando la página de la historia
Artiles considera que el espíritu y las ganas de superación están todavía muy en ciernes entre la mayoría de los jóvenes que enfrentan dificultades a diario.
“Muchos jóvenes están en una situación familiar y laboral que no les permite mucho pensar en el futuro, están en perspectiva de supervivencia del día a día, de ir saliendo adelante, la perspectiva de futuro de cinco o diez años vista no es mayoritaria.”






