por Johannes MYBURGH / Pascale TROUILLAUD
Pese a la lluvia, los socorristas persistían en la búsqueda de los cerca de 300 desaparecidos en la trágica ruptura de un dique de residuos mineros en el sudeste de Brasil, que hasta el momento deja 34 muertos.
"Son 34 cuerpos retirados de los residuos", informó el Cuerpo de Bomberos del estado de Minas Gerais elevando un balance anterior de 11 fallecidos, en tanto no actualizó el número de desaparecidas por las riadas de lodo, que en el anterior balance era de 296.
La catástrofe ocurrió cerca de las 13H00 locales (15H00 GMT) del viernes en el municipio de Brumadinho, a 60 km de Belo Horizonte (capital de Minas Gerais), sepultando buena parte de las instalaciones del complejo minero Córrego do Feijão, perteneciente a Vale, una empresa gigante del sector minero, así como otras áreas aledañas.

El gobernador del estado, Romeu Zema, dijo que las chances de rescatar sobrevivientes eran "mínimas", pero el Cuerpo de Bomberos informó que tres personas fueron halladas con vida y afirmó que "hay posibilidades de encontrar más".
Según las autoridades, prácticamente todos los desaparecidos son funcionarios o trabajadores tercerizados de Vale. De las 170 personas rescatadas, 23 fueron hospitalizadas.
Pasadas más de 24 horas, la desesperación se apodera de quienes perdieron o desconocen el paradero de familiares y amigos.
"La casa de Adelia estaba allí. Y a la de Nilza, que vendía caña de azúcar, también se la tragó el barro", cuenta Rosilene Aganetti, señalando una enorme extensión de lodo que cubre la carretera y los alrededores.
Después de la ruptura de la presa minera de Brumadinho, el lugar ha sido arrasado. "Había gente y casas aquí, estoy devastada", dijo a la AFP la mujer de 57 años, residente del pueblo Alberto Flores.
Un torrente de lodo negro de más de 150 metros de ancho, que por momentos parece un rápido, avanza por la región. Los helicópteros de bomberos, que no han detenido su trabajo durante la noche, vigilan la tierra oscura y la abundante vegetación.
"Tengo varios amigos desaparecidos, que estaban en el restaurante de Vale (la empresa propietaria de la mina)", agrega la mujer, reprimiendo los sollozos.
Muchos empleados estaban allí a la hora del almuerzo, cuando el lugar fue barrido por el lodazal.
"Antes vivía al pie de la represa, allí crié a mis hijas", dice la mujer cuyo esposo trabajó durante años para el grupo implicado por segunda vez en una tragedia en el estado de Minas Gerais (sureste).
- "Nadie dice nada" -
Suely de Olivera Costa busca a su marido. "Estoy desesperada", grita mientras los hombres de seguridad de Vale le impiden el paso.
"¿Cómo quieres que esté tranquila si él está muerto?", le grita a un hombre que le pide que se "calme". "Vale destruyó a Mariana y ahora han destruido a Brumadinho y nadie hace nada, ¿cuál será la próxima?", pregunta la mujer.
La ruptura de una presa co-administrada por el grupo minero en Mariana, a unos 120 km de distancia, mató a 19 personas a fines de 2015 y provocó el peor desastre ecológico en Brasil.
El costo humano de la tragedia de Brumadinho, donde hasta ahora se ha confirmado la muerte de 34 personas, puede ser mucho mayor, con 299 desaparecidos el sábado, el día después del desastre.
William Guilherme Silva, un ferroviario de 21 años, no tiene noticias desde el viernes de "seis o siete conocidos, incluidas algunas personas muy cercanas", a quienes conoce "desde la infancia".
También culpa a Vale. "La represa dejó de funcionar en 2015 y se quedó sin mantenimiento", acusa. "No hicieron nada y se rompió".
En Alberto Flores, la fuerza de los torrentes de escombros y tierra desenterró un pilón eléctrico y sepultó por la mitad un auto en una zanja profunda.
Cerca de 200 habitantes están allí cuando llega el camión de remolque y contemplan en silencio el angustioso espectáculo de este poblado, ahora cortado por una inmensa cicatriz de tierra negra.
El presidente Jair Bolsonaro sobrevoló en helicóptero la zona por la mañana, pero no habló en el lugar. Dijo luego en Twitter que "es difícil contemplar este paisaje sin conmoverse" y prometió hacer cuanto esté al alcance del gobierno "para atender a las víctimas, minimizar daños, investigar los hechos, reclamar justicia y prevenir nuevas tragedias como las de Mariana y Brumadinho".
El día amaneció soleado en Brumadinho, una localidad de 39.000 habitantes, pero por la tarde hubo lluvias torrenciales, que de proseguirse podrían complicar las búsquedas.
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© Agence France-Presse
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