"En nombre de las FARC-EP ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra", dijo Londoño entre los vítores, aplausos y gritos de los 2.500 asistentes a la ceremonia solemne en la ciudad caribeña de Cartagena.
En una ceremonia solemne, frente a 15 jefes de Estado y otros 2.500 invitados, el mandatario colombiano Juan Manuel Santos y el líder rebelde rubricaron con un "balígrafo" (una bala reconvertida en bolígrafo) el pacto de paz, que para entrar en vigor deberá ser ratificado por los colombianos en las urnas el próximo domingo.
Entre la audiencia en la explanada frente al Palacio de Convenciones, teñida absolutamente de blanco, había unas 250 víctimas que escucharán a continuación a Santos y Londoño, enemigos por décadas, que lograron lo que parecía imposible.
Un gran paso hacia el final del conflicto armado en Colombia, en el que también actuaron otras guerrillas, paramilitares y agentes del Estado, que dejó ocho millones de víctimas, entre ellas 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados.
La ciudad amurallada, resplandeciente bajo un sol inclemente, se vistió de gala para la ocasión, adornada con palomas de la paz con una cinta amarilla, azul y roja, colores de la bandera colombiana.
Entre los dignatarios asistentes están el cubano Raúl Castro, anfitrión de las conversaciones auspiciadas también por Noruega, Venezuela y Chile; el jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; el rey emérito de España, Juan Carlos, y numerosos representantes de organismos internacionales.
Todos los invitados recibieron como obsequio una réplica del balígrafo usado para rubricar el acuerdo.
