Conoce la historia de esta pareja a la que Cupido flechó en una remota isla del Pacífico al ritmo de una lambada y que después de décadas, entre tormentas y guiños, se encamina a esa promesa difícil de cumplir de “hasta que la muerte nos separe”, en esta nueva entrega de nuestra serie “Caras del Amor”.
En gran parte del siglo XX predominó la “Política de la Australia Blanca”, mediante la cual se despreciaba cualquier origen que no fuera el anglo-sajón o a aquellos que no abrazaban los valores de la Europa Occidental. Pero muchos años después, la misma dinámica de la vida cotidiana y moderna sigue su propio curso y el mundo se vuelve, menos “ancho y ajeno”.
En Australia se registra un incremento a un 30 por ciento de las parejas con integrantes nacidos en distintos países, en comparación al 18 por ciento que había en 2006. La proporción de matrimonios sólo entre australianos ha disminuido, en contraste del 76 por ciento en 2006, a 55 por ciento, en 2016.
Las migraciones, la globalización y el encuentro de tantas culturas nos acercan. Y en esos cruces de camino, en un bar, la escuela, la iglesia, un aeropuerto o un 'click' en 'Tinder' nace el interés, la atracción, el amor y quizá el compromiso de tener una vida eterna uno al lado del otro. Las historias de amor se repiten una y otra vez, pero en el corazón de los que lo protagonizan, es única.
Y única es la historia de Víctor y Erina, un mexicano y una australiana que vivieron las vicisitudes de cualquier pareja, pero muchas veces con la duda y otras con la certeza de que sus diferencias culturales eran elementos seductores y al mismo tiempo repelente.
“Nosotros como latinos tendemos a dar lecciones, empezamos a decir a la gente lo que tiene y lo que no tiene que hacer… y es muy complejo porque no sólo es cultural sino que también es una cuestión de género”, confiesa Víctor.
Pero cuando el amor nace, nadie lo detiene y no piensa en pasaporte, ni en seguridad, sólo en que hay una llama que arde y que hay que aplacar a punta de besos y algo más.
“Cuando a alguien le llega 'la bilirrubina' no importa la nacionalidad, uno no va a decidir qué persona no va acorde a su medioambiente, ya sea latinoamericano, serbio o croata. Vamos a tomar esas decisiones de acuerdo a lo que el amor dicta”, enfatiza Víctor.

Erina, que creció en un hogar anglo-celta “bastante racista” como ella misma lo describe, es la prueba de que hay algo más que lleva a buscar algo distinto a lo conocido. Su punto de inflexión fue estudiar en un colegio católico con una mayoría de compañeros italianos.
“Esto me impactó porque me sentí realmente traicionada por mi familia ¿Por qué me enviaron a una escuela llena de italianos si ustedes ni siquiera los aprecian?”, dijo Erina al recordar esos momentos, que después supo, fue “lo mejor que me pudo haber pasado en esos años”.
Ese primer paso de Erina a otras culturas le despertó la curiosidad por descubrir el corazón que latía en otro latino, Víctor, que la encandiló bailando lambada y con quien al principio experimentó incontables confusiones.
“Lo primero que hacemos internamente es traducir del español al inglés y no solamente estamos traduciendo palabras, sino actitudes”, comentó Víctor.
Con sus vaivenes y las grandes tormentas a las que hace frente el amor, pero sobre todo resistiendo al corrosivo día a día a la que no resisten muchas parejas, Erina y Víctor resisten como robles a los embates de la vida, juntos codo a codo, en un continuo diálogo desde dos culturas y valores distintos, pero con el gran deseo de tender puentes que sólo funcionan cuando se sostienen con fuerza de ambos lados.
Si quieres conocer la receta de Erina y Víctor, escucha “Caras del Amor”, una serie sobre las historias íntimas de convivencia, descubrimiento personal y experiencias que transforman la vida.

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