Todo comenzó el día anterior a las celebraciones por el Día de Australia. Una llovizna persistente y lenta comenzó a regar el pasto amarillo de los patios y jardines de la ciudad de Townsville, una región que pedía a gritos un poco de agua. Con estas primeras gotas se rompía un largo período de humedad tropical, que además del calor, genera una sensación pegajosa en la piel.
Desde entonces las lluvias intermitentes no han parado y a cinco días del inicio de esta precipitación pluvial casi permanente la región ha sido declarada zona de desastre.

Una de las poblaciones más afectadas, hasta el momento es Bluewater, un pequeño asentamiento a tan solo veinte minutos en auto del norte de Townsville. Esta comunidad en los últimos tres días se ha inundado dos veces. Varios de los autos de los pobladores de Bluewater han sido arrastrados por las corrientes que se forman con la lluvia y algunos de los cobertizos de sus casas, así como los establos para sus animales, han sido derrumbados por la fuerza de la lluvia. Hoy las calles de Bluewater son caminos de lodo y pequeños ríos.
Mientras esto ocurre al norte, al sur de la ciudad de Townsville las calles comenzaron a inundarse el jueves por la tarde. Y después de la torrencial lluvia de este viernes por la mañana los residentes de los suburbios cercanos al río Ross comenzaron a ser visitados por equipos de policía y servicios de emergencia que van de puerta en puerta advirtiendo a los locales sobre la posibilidad de una evacuación.
La presa del río Ross, normalmente medio vacía, poco a poco se acerca a su máxima capacidad a medida que la lluvia continúa cayendo, a veces en grandes cantidades a veces solo en forma de llovizna.

Nuestra casa se encuentra a sólo cincuenta metros del río Bohle, un río relativamente pequeño ubicado al norte del río Ross que es mucho más grande, pero al sur de los ríos que ahora inundan ciudades al norte de Queensland y mantienen cerrada la carretera que conecta con la ciudad de Cairns.
Durante los últimos tres días, el río Bohle ha estado bajo una importante advertencia de inundación por parte de las autoridades encargadas de monitorear los niveles de los ríos. Tres días en los que nosotros también lo hemos observado con creciente inquietud, monitoreando los reportes y calculando el momento de comenzar a poner los sacos de arena alrededor de la casa.
Quienes nos han ido alertando poco a poco del peligro han sido los animales que habitan la pequeña franja de matorrales a lo largo de la orilla del río. Desde el jueves por la tarde pájaros, wallabies y serpientes han comenzado a moverse hacia un terreno más alto. Una pequeña familia de zarapitos, un ave que anida en el suelo originaria del norte, ha dejado su nido inundado y se ha establecido afuera de nuestra casa. Hemos visto una serpiente nadando entre las pequeñas corrientes que se forman en los senderos que llevan al río. También alcanzamos a divisar a un pobre wallaby que corría temeroso y empapado entre los arbustos huyendo de una marea aparentemente inexorable.
Las hormigas han sido otras mensajeras. Ellas son las inquilinas más comunes en las casas de Townsville. Normalmente residen en nuestro jardín, pero desde el miércoles han invadido la casa. La cocina se ha llenando con largas líneas negras de diminutos cuerpos que marchan en búsqueda de refugio y un poco de comida.

Ayer vimos helicópteros militares de la base aérea local volando hacia el norte en dirección a Bluewater. En todas partes hay una sensación de pánico contenido. Los habitantes del norte de Queensland están acostumbrados a los ciclones e incluso a las inundaciones repentinas; pero la naturaleza persistente de esta lluvia, el tamborileo del agua constante en los techos de las casas y los autos en los últimos cinco días parece haber desconcertado incluso a los lugareños.
Cuando se habló por primera vez de declarar un desastre natural, nuestros vecinos -particularmente aquellos que han vivido en el área por generaciones- se rieron. Este es el norte tropical, después de todo; casi toda la precipitación anual generalmente cae en unos pocos meses en el verano. Pero a medida que la lluvia y su intensidad se han prolongado, incluso los más estoicos pobladores de Townsville comenzaron a preocuparse.
La última vez que cayó esta cantidad de lluvia fue en 1998, un evento tan trascendental que se recuerda entre los locales como la "Noche de Noé". Pero ahora, de acuerdo con al oficina de meteorología, esta lluvia parece incluso superar a esa ocasión. Las autoridades ahora están llamando a este monzón un evento que ocurre una vez en cada cien años.
Las fuerzas locales de socorro han establecido estaciones donde la gente puede ir y llenar bolsas de arena. Mi esposo fue por las nuestras y me describió una escena de espíritu comunitario casi conmovedor. Soldados de la base del ejército local vestidos de civil ayudaban a sus vecinos a llenar los pesados sacos de arpillera con lo que parece arcilla desenterrada apresuradamente, más que arena. Las conversaciones y bromas sobre el clima ocurrían entre los ahí reunidos al tiempo que la lluvia continuaba cayendo sobre sus espaldas. Sin embargo, todos pacientemente esperaban su turno.

Esposas de militares, trabajadores de guarderías, empleados del Gobierno cubiertos chubasqueros y jóvenes vestidos con ropa de verano ayudaban a la gente que acudía a esos puestos mientras contaban anécdotas y bromas tratando de alejar por un momento la preocupación por la lluvia. La palas pasaban de una mano a otra, mientras que otros más acerca los sacos y cuando una persona terminaba de subir los costales húmedos y sucios a su auto el resto le deseaba buena suerte, con la esperanza de que éstos no fueran necesarios.
Nuestro patio se ha convertido en un estanque, nuestra calle en un enorme canal. El rugido de innumerables litros de agua corriendo por el desagüe fuera de nuestra casa es nuestra música de fondo mientras observamos y esperamos. La lluvia parece continuar todo el fin de semana y hasta la próxima semana. Dependerá del destino, o de la madre naturaleza, o de la suerte si es que el río irrumpe en sus orillas y se apresura hacia nuestra casa. Sólo el tiempo dirá.




