En Argentina se espera que la inflación alcance el 95% a finales de 2022, lo que ha llevado a los manifestantes a marchar por las calles de Buenos Aires en un simulacro de funeral por la "muerte" de los salarios.
En todo el mundo, los países están lidiando con el aumento de la inflación a causa de la pandemia del COVID-19 y la inseguridad global creada por la invasión rusa de Ucrania.
En Australia, el Índice de Precios al Consumo (IPC) aumentó un 6,1% durante el último año, lo que provocó una verdadera preocupación y obligó al Banco de la Reserva a subir los tipos de interés más rápido que en casi 30 años.
Sin embargo, a medida que la tasa de inflación aumenta en Argentina, el poder adquisitivo del dinero -denominado salario real- se desploma.
El salario mínimo mensual oficial del país es de 45.540 pesos argentinos (487 dólares), mientras que la canasta básica de alimentos para una familia de dos adultos y dos niños cuesta 111.298 pesos (1.191 dólares), según el instituto nacional de estadística INDEC.
Años de esfuerzos políticos para frenar la inflación no han servido de mucho para reducir el aumento de los precios, y en julio el país registró su mayor tasa de inflación en 20 años.
El último esfuerzo consiste en el nombramiento de un nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, al que se le han otorgado mayores poderes para intentar controlar la inflación. Los argentinos le han apodado "superministro".
Entrevistado: Martin Simonetta, economista y director de la Fundación Atlas en Buenos Aires.





