Desde Centroamérica hasta el Cono Sur los comités de crisis buscan blindar la infraestructura regional y los sistemas de salud frente a un impacto climático que amenaza con desestabilizar a todo el continente.
EN ESTE PODCAST:
- Las autoridades de América Latina aceleran sus planes de contingencia ante el regreso de El Niño de fuerte intensidad.
- Existe un 90 por ciento de certeza que la presencia de El Niño continúe hasta noviembre.
- Las agencias humanitarias y los organismos de salud pública de América Latina se encuentran en estado de alerta máxima.
La confirmación científica del inminente regreso de El Niño ha encendido las alarmas globales. Este evento climático consiste en el calentamiento inusual del Océano Pacífico ecuatorial y altera de forma drástica la atmósfera.
La Organización Meteorológica Mundial confirmó un 80 por ciento de probabilidad de que este episodio de gran intensidad se instaure a partir de junio, y eleva al 90 por ciento la certeza de que la emergencia se prolongue hasta noviembre.
Los comités de crisis advierten que con El Niño el continente americano afronta un impacto asimétrico. Por un lado, se prevén sequías severas en Centroamérica y el norte de Sudamérica. Por el otro, el Cono Sur afina sus planes ante la amenaza de lluvias torrenciales e inundaciones.
El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, difundió en sus canales oficiales un mensaje de alerta.
El fantasma del antecedente más inmediato agrava la preocupación. El último episodio de El Niño registrado entre 2023 y 2024 dejó pérdidas materiales que superaron los 4.000 millones de dólares en el continente debido a la destrucción de infraestructuras. Aquel ciclo paralizó comercialmente el Canal de Panamá, provocó racionamientos de energía en Ecuador y Colombia, y causó inundaciones históricas en el sur de Brasil y el litoral argentino.
La meteoróloga peruana Grinia Ávalos destaca en sus redes sociales que la comunidad científica advierte sobre la posibilidad de un evento extremo en el Pacífico Central que podría alcanzar la categoría de “Super Niño”.
La crisis actual ya muestra números preocupantes en el Corredor Seco centroamericano, afectando directamente a Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. En esta zona se proyectan pérdidas de hasta el 30 por ciento en las cosechas de maíz y frijol.
El último informe de la FAO advierte que más de 4 millones de personas en Centroamérica podrían entrar en inseguridad alimentaria grave, convirtiendo esta alerta climática en un detonante directo de nuevas olas migratorias hacia el norte.
De forma simultánea, la Organización Panamericana de la Salud emitió una alerta epidemiológica por enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue, la malaria y el chikunguña.
El organismo ya registra un aumento histórico que supera los 3 millones de contagios en lo que va del año. El alza térmica y las lluvias proyectadas para Argentina, Paraguay y Uruguay configuran el escenario idóneo para la proliferación del vector, amenazando con saturar los hospitales regionales que ya operan al límite.
Esta falta de precisión obliga a los comités de crisis a diseñar estrategias móviles y de reacción rápida. Las autoridades regionales insisten en que las próximas semanas serán cruciales para almacenar suministros y coordinar la ayuda internacional. Los antecedentes recuerdan que los daños socioeconómicos suelen golpear la estabilidad social mucho después de que el océano comience a enfriarse.





