El partido liberal decidió actuar contra la inestabilidad a su interior, y anoche, en una reunión convocada de emergencia, acordó una nueva política que apunta a poner fin a lo que muchos ven como la "cultura golpista" de Canberra.
Bajo la nueva regla, un primer ministro liberal no puede ser sujeto a un desafío de liderazgo en su primer mandato a menos que dos tercios de la sala del partido respalden el cambio.
Es la decisión más significativa en los procesos de los liberales desde que Robert Menzies estableció el partido hace 74 años.
El primer ministro Scott Morrison, que obtuvo su rol justamente por el destronamiento del poder de Malcolm Turnbull, - quien renunció después de que su colega Peter Dutton lo desafiara, anunció que con la medida su equipo hace más difícil expulsar a un líder electo.
"Entendemos esa frustración, entendemos esa decepción, la reconocemos y nos hacemos responsables de ello. Esta noche, el Partido Liberal reconoce que ha tomado una decisión. Y esa decisión es que un líder electo del Partido Liberal va a una elección, gana esa elección y se convierte en primer ministro, seguirá siendo primer ministro durante ese período parlamentario completo. No podrá ser removido de su cargo ".
Bajo el cambio, ya no se podrá sacar a un líder por mayoría absoluta, como ha venido sucediendo en la historia reciente de los liberales.
En 2015 Malcolm Turnbull destronó a Tony Abbott ganándole por 54 votos contra 44. Eso dejó a Abbott como el primer ministro con el periodo más corto de la historia de los liberales: sólo dos años.
Pero la historia entre estos dos personajes ya venía de atrás. Cuando estaban en la Oposición, y el primer ministro era el laborista Kevin Rudd y el líder de los liberales era Malcolm Turnbull, en 2009, Turnbull estaba dispuesto a apoyar a Rudd en sus políticas contra el cambio climático, lo que cayó mal entre el sector más conservador de los liberales, que niegan que el cambio climático sea una realidad. Fue entonces cuando Abbott desafío por el liderazgo a Turnbull y le ganó por sólo un voto, convirtiéndose en la cabeza de la Oposición.
Por eso no era extraño, según algunos observadores, que Tony Abbott hubiese orquestado el destronamiento de Turnbull hace pocos meses, con Peter Dutton como su alter ego.
El primer ministro Morrison reconoció las frustraciones expresadas por los votantes australianos después de estos cambios de líderes en el gobierno, que han visto a cinco primeros ministros australianos en 10 años.
"Los australianos tienen la expectativa razonable de que cuando elijan a un gobierno, cuando elijan a un primer ministro, deberían ser ellos quienes determinen si ese primer ministro no debe continuar en ese cargo".
Pero, por muy bien que suene, los votantes australianos no elijen a un primer ministro. Bajo el sistema de Westminster, los votantes eligen a miembros individuales del parlamento.
El partido o coalición con la mayoría de los diputados elegidos asume el gobierno. Luego, depende del partido gobernante determinar quién va a ser su líder, y éste será el (la) primer/a ministro/a de Australia.
Scott Morrison dice que consultó con el ex primer ministro liberal John Howard antes del debate, pero no buscó la opinión de la víctima más reciente de un "golpe de estado", Malcolm Turnbull.
El parlamentario liberal Mathias Cormann sospecha que si esta política se hubiera introducido antes, es poco probable que Tony Abbott o Malcolm Turnbull se hubiesen enfrentado a un desafío por el liderazgo.

El diputado liberal Jason Wood dice que espera que la nueva política les dé confianza a los votantes para las próximas elecciones federales, y el parlamentario independiente Bob Katter ha mostrado su apoyo a los pasos dados por el líder del partido liberal.
"Creo que es una movida brillante. Todos dicen que el lugar se está derrumbando, bueno, ahora él logró tener un control muy sólido", dice Katter.
La vice líder de la Oposición, Tanya Plibersek, critica la medida, sugiriendo que el cambio muestra que Scott Morrison está más preocupado por mantener su trabajo que por las cuestiones que afectan a los australianos comunes.
Es una crítica similar a la que recibió Kevin Rudd cuando anunció un cambio parecido a las reglas del Partido Laborista Australiano en 2013, luego de la expulsión que él mismo sufrió, por parte de Julia Gillard y luego la de Gillard por parte de Rudd, en un proceso de autofagia de los laboristas, que en 2007 habían llegado al poder con una popularidad abrumadora.
Rudd, a quien sus colegas le insistieron que volviera, en su segundo mandato sólo estuvo 3 meses porque lo trajeron de vuelta para que "salvara el mobiliario" ante lo que se veía como el aniquilamiento del partido Laborista en 2013. Fue en esas elecciones donde Abbott pudo ser primer ministro.
Tras eso, el Partido Laborista ahora requiere una mayoría de tres cuartos (el 75%) para derrocar a un primer ministro, y una mayoría del 60 por ciento para destituir a un líder de la oposición.
Plibersek también cuestionó la necesidad de convocar una reunión de emergencia a altas horas de la noche para discutir la política del partido.
"Si Scott Morrison estuviera realmente interesado en la estabilidad, explicaría por qué acuchilló a Malcolm Turnbull o no lo habría hecho en primer lugar. Nada habla más de estabilidad como una reunión de un partido liberal en plena noche", decía sarcásticamente Plibersek.
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