La cifra supera el récord de 2016, que alcanzó 200 muertos.
Dicho balance contabilizado en 22 países fue revelado en el informe "¿A qué precio?", publicado el martes por la ONG británica.
Las víctimas eran líderes locales, responsables de proteger la fauna local y "civiles" que defendían sus tierras.
Brasil registró el peor balance, con 57 muertos, con tres masacres en las que fallecieron 25 personas.
Ese balance fue cuestionado por el gobierno brasileño, que acusó a la ONG de utilizar "datos equivocados y una metodología dudosa".
El segundo país con más asesinatos de ambientalistas es Filipinas (48), seguido de Colombia (24 muertos) y México (15).
México y Perú: situación preocupante
Global Witness alerta sobre el incremento significativo de muertes en México (eran sólo 3 en 2006), donde el "aumento del crimen organizado, la impunidad y el fracaso del gobierno en proteger" a los defensores del medioambiente ha llevado a "brutales formas de silenciar" a quienes se oponen por ejemplo a la explotación de maderera o a la minería.
Perú también registró un aumento significativo, de 2 a 8 ambientalistas muertos en un año, mientras que con respecto a su población, Nicaragua fue el país más afectado (4).
En cambio, en Honduras el número de muertos bajó de 14 en 2016 a 5 en 2017.
Según el informe de la ONG puede ser por la creciente represión de la sociedad civil.
En total, uno de cada cuatro asesinatos de ambientalistas en el mundo (al menos 46, el doble que en 2016), estuvieron vinculados con la industria agroalimentaria; 40 debido a disputas mineras, 26 relacionados con la deforestación y un récord de 23, sobre todo guardias forestales africanos, por tratar de proteger a animales de los cazadores furtivos.
"La agricultura a gran escala, la minería, la caza furtiva y la tala producen artículos para el hogar, que utilizamos y consumimos por ejemplo aceite de palma para el champú, soja para la carne y madera para nuestros muebles, y el el vínculo entre estos productos de consumo habitual y la violencia es claro", subrayó la ONG.
También se produjo un recrudecimiento de la violencia contra quienes defienden sus tierras frente a una agricultura "destructiva", según la ONG, que critica a los gobiernos "negligentes" y a las empresas "irresponsables" por anteponer "a la vida humana" los beneficios y la demanda de los consumidores.
El informe destaca, entre otras, la muerte del colombiano Hernán Bedoya, líder afrodescendiente del Chocó (noroeste), asesinado por un grupo paramilitar que le disparó 14 veces, por haberse opuesto a la palma aceitera, las bananeras y las fincas ganaderas que se expandían en el territorio de su comunidad, destruyendo el bosque.
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