Puntos destacados:
- Raúl Ocaña compró un club de fútbol sala para crear un programa enfocado en la formación de niños y niñas con énfasis en la inclusión y la diversidad.
- Sus hijos vivieron programas donde primaba la competitividad y eso derivaba en gritos de los entrenadores o falta de minutos de juego.
- La apuesta de Ocaña por el club, Sala Time, ha dado como resultado la presencia de alrededor de 900 jugadores y el acceso a atletas con discapacidades.
Sinopsis
Raúl Ocaña, un español que lleva 21 años viviendo en Brisbane, decidió replantearse el modelo de formación en el fútbol sala tras apuntar a sus hijos a un equipo y comprobar que la competitividad estaba por encima del aprendizaje.
Sus pequeños vivieron programas que acabaron siendo poco formativos. “Había entrenadores que gritaban” y, como él mismo reflexiona, “para los niños pequeños, tener a un adulto gritando todo el tiempo, no es la manera de enseñarlos”.
Experimentaron también falta de oportunidades de juego tras pagar un alto precio económico para registrarse. “A un niño de ocho, nueve o 10 años, jugar dos minutos en un partido no es lo correcto”, afirma.
Con la intención de cambiar esta realidad, Ocaña compró un club de fútbol sala, Sala Time, y se centró en la formación de niños y niñas con un fuerte énfasis en la inclusión y la diversidad. Su apuesta ha dado resultados significativos, con alrededor de 900 jugadores y la apertura de este deporte a atletas con discapacidades.
Escucha la entrevista en el podcast localizado en la parte superior de esta página.




