Antes de asumir el poder, Abelardo de la Espriella reconfiguró la diplomacia regional al acordar con Israel la plena normalización de sus lazos bilaterales.
EN ESTE PODCAST:
- Colombia retirará la demanda contra las acciones militares de Israel en Gaza.
- La decisión revierte la ruptura decretada en 2024 por el gobierno saliente y consolida un alineamiento directo con Tel Aviv.
- Hace unos días, De la Espriella informó su intención de trasladar la embajada colombiana a Jerusalén.
Antes de asumir la presidencia el próximo 7 de agosto, el mandatario electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, fijó el rumbo central de su política exterior mediante el restablecimiento total e inmediato de la alianza histórica con Israel.
La medida revierte radicalmente la postura del saliente presidente Gustavo Petro, quien anunció la ruptura oficial de relaciones diplomáticas con Tel Aviv en mayo de 2024 en rechazo a la ofensiva militar en la Franja de Gaza.
El nuevo acuerdo, alcanzado en Washington entre el canciller designado Omar Bula Escobar y el ministro de Exteriores israelí Gideon Sa'ar, materializa la agenda de la administración entrante: contempla el intercambio inmediato de embajadores, la eliminación recíproca de visas, el traslado de la embajada a Jerusalén y el retiro formal de la demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.
Entre los puntos pactados, el abandono de la causa en La Haya expone con claridad el giro ideológico de Bogotá.
Durante el mandato de Gustavo Petro, Colombia intervino ante el máximo tribunal de la ONU acusando al primer ministro Benjamín Netanyahu y a su gobierno de presuntos crímenes de guerra y violaciones a la Convención contra el Genocidio en la Franja de Gaza.
Al retirar dicha intervención, la administración de De la Espriella fractura el bloque diplomático impulsado por el Sur Global para llevar a la cúpula política y militar israelí ante la justicia internacional.
Mientras el nuevo oficialismo sostiene que este paso devuelve la imparcialidad a la diplomacia colombiana, defensores de los derechos humanos y sectores de oposición denuncian que la decisión otorga impunidad frente a los crímenes denunciados en el enclave palestino.
El traslado de la sede diplomática colombiana a Jerusalén constituye otro espaldarazo directo al gobierno de Netanyahu, desafiando el consenso de las Naciones Unidas. Al adoptar una postura alineada con la derecha conservadora global, el mandatario electo reconoce de facto a Jerusalén como capital de Israel, ignorando la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU que insta a los Estados a no establecer misiones diplomáticas en dicha ciudad.
Esta decisión fue celebrada por Tel Aviv como un triunfo frente al aislamiento internacional provocado por las acusaciones de crímenes de guerra. Mientras que el presidente colombiano electo aseguró que Israel está defendiendo a su gente de terroristas.
En el terreno práctico, el pacto busca normalizar con rapidez el canal bilateral mediante el retorno de los embajadores y la exención de visados.
Para Colombia, este paso incluye un trasfondo operativo clave: la reactivación del mantenimiento para su aviación militar de origen israelí, la cooperación en ciberseguridad y el reimpulso al comercio agrícola y tecnológico.
Los gremios económicos reciben la noticia como una señal de estabilidad, mientras sectores críticos cuestionan que el gobierno entrante pacte con la administración de Netanyahu sin exigir compromisos humanitarios ni el cese de las acciones militares juzgadas en el ámbito internacional.





