En la reunión de alto nivel entre Donald Trump y Xi Jinping la Casa Blanca busca reafirmar su zona de influencia en Latinoamérica, frente a un gigante asiático que ya controla infraestructuras críticas y mercados estratégicos desde el Caribe hasta la Patagonia.
Puntos destacados:
- Trump se reúne con Xi Jinping durante una histórica visita con una agenda geopolítica que incluye a Latinoamérica.
- El Canal de Panamá está en el epicentro de la fricción entre China y Estados Unidos.
- La administración Trump acusa a Beijing de operar de forma encubierta la vía interoceánica, lo que provocó que Panamá abandonara la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping marca un punto de inflexión en el orden global. Sin embargo, la confrontación de las dos principales potencias mundiales tiene un escenario crítico en América Latina.
A través de disputas comerciales, tecnológicas y logísticas, Washington y Beijing miden sus fuerzas en una región donde la Casa Blanca ha adoptado, desde 2025, una postura de seguridad nacional mucho más coercitiva para frenar el avance asiático.
El Canal de Panamá está en el epicentro de la fricción entre China y Estados Unidos en Latinoamérica.
La administración Trump acusa a Beijing de operar de forma encubierta la vía interoceánica, lo que provocó que Panamá abandonara la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
En respuesta a la presión estadounidense, Panamá revocó contratos a operadores de Hong Kong, un movimiento que ha derivado en denuncias por la detención de buques y una escalada de declaraciones cruzadas entre las potencias.
China califica estas acusaciones como interferencias sin fundamento.
Otro tema de discusión está en el Pacífico sur, por el megapuerto de Chancay, en Perú. La infraestructura, de capitales mayoritariamente chinos, es vista por Washington como una amenaza a la seguridad regional.
Pese a las advertencias, las inversiones de Beijing avanzan con nuevos parques industriales de 1.200 millones de dólares. El gobierno peruano intenta compensar la presión de la Casa Blanca mediante la adquisición de aviones de combate estadounidenses, en un intento por mantener el equilibrio militar con el Norte.
Brasil y Argentina representan un dilema para la región latinoamericana: el alineamiento político frente a la necesidad comercial. Brasilia busca inversiones para la explotación de tierras raras sin establecer exclusividades.
Por su parte, el gobierno de Javier Milei en Argentina mantiene una estrecha alianza política con Trump, consolidada con un salvataje financiero de 20 mil millones de dólares en 2025.
Sin embargo, el hecho de que las economías de Argentina y Estados Unidos sean competidoras directas en el sector agropecuario, mantiene a China como el socio comercial ineludible para el ingreso de divisas.
México enfrenta un margen de acción limitado por su dependencia del mercado estadounidense.
La revisión del tratado comercial T-MEC está condicionada por la exigencia de Washington de bloquear a las empresas chinas que utilizan el territorio mexicano como plataforma de exportación.





