Puntos destacados:
- Latinoamérica se alista para un año electoral decisivo en 2026, con seis países llamados a votar.
- Los habitantes de estos países tendrán que acudir a las urnas en medio de crisis económicas, tensiones sociales y visiones políticas contrapuestas.
- La figura de Donald Trump proyecta su influencia sobre candidatos conservadores que buscan capitalizar su agenda en Costa Rica, Colombia, Perú y Brasil.
América Latina inicia 2026 en un escenario político marcado por la incertidumbre electoral y la redefinición de proyectos ideológicos que han dominado la región en las últimas décadas. La figura de Donald Trump proyecta su influencia sobre candidatos conservadores que buscan capitalizar su agenda en Costa Rica, Colombia, Perú y Brasil, mientras la tensión militar aumenta en las costas de Venezuela.
Costa Rica, Colombia, Perú, Haití y Brasil ya tienen elecciones confirmadas, mientras Nicaragua prevé comicios generales en noviembre. Estos procesos podrían consolidar cambios de rumbo o reafirmar continuidades en medio de la polarización social y la presión económica.
En Costa Rica, las elecciones presidenciales y legislativas se celebrarán el 1 de febrero de 2026, con segunda vuelta el 5 de abril si ningún candidato alcanza mayoría absoluta.
Más de 20 partidos están inscritos en la contienda, reflejando la fragmentación política.
Entre los aspirantes destacan la centroderechista Laura Fernández Delgado, el socialdemócrata Álvaro Ramos Chaves, el izquierdista Ariel Robles Barrantes y el pastor evangélico Fabricio Alvarado Muñoz, considerado el más cercano a la agenda de Donald Trump por su discurso religioso y de seguridad.
En Colombia, la primera vuelta está prevista para el 31 de mayo de 2026, con segunda vuelta el 21 de junio. El país vive una fuerte polarización tras el gobierno del izquierdista Gustavo Petro.
Entre los nombres que encabezan encuestas figuran el izquierdista Iván Cepeda y el derechista Abelardo de la Espriella, identificado como el candidato más afín a Trump por su discurso de orden y seguridad. El centrista Roy Barreras también aparece como opción moderada.
Según la encuesta Invamer Colombia Opina, los mejor posicionados son el senador Iván Cepeda, el abogado Abelardo de la Espriella y el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo.
En Perú, las elecciones generales se celebrarán el 12 de abril de 2026. El país está gobernado por el presidente interino centrista José Jerí. Entre los principales candidatos figuran la derechista Keiko Fujimori, con un discurso favorable a estrechar vínculos con Estados Unidos y considerada la figura más cercana a Trump, y el nacionalista radical Antauro Humala, crítico de la influencia externa.
En Haití, tras casi una década sin elecciones regulares, el Consejo Presidencial de Transición convocó comicios presidenciales y legislativos para el 30 de agosto de 2026, con segunda vuelta el 6 de diciembre.
Originalmente, las elecciones estaban previstas para noviembre de 2025, pero fueron suspendidas por incapacidad institucional y crisis de seguridad. La violencia de bandas armadas y el colapso logístico obligaron a posponer el proceso.
En Brasil, las elecciones generales se celebrarán el 4 de octubre de 2026, con segunda vuelta el 25 de octubre. El país está gobernado por el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien buscará la reelección.
Entre sus principales rivales figuran la derechista Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente Jair Bolsonaro, y el derechista Tarcísio de Freitas, actual gobernador de São Paulo.
Ambos representan la continuidad del bolsonarismo y son vistos como los candidatos más cercanos a la agenda de Trump en seguridad, comercio y valores conservadores.
Finalmente, en Nicaragua se prevén elecciones generales en noviembre de 2026, que incluirán la elección de presidente y diputados de la Asamblea Nacional. El país está gobernado por el presidente izquierdista autoritario Daniel Ortega, quien ha mantenido el poder por más de 15 años. La oposición se encuentra debilitada por la represión y el exilio de líderes políticos, lo que genera dudas sobre la competitividad del proceso.







