PUNTOS DESTACADOS:
- En México, Centroamérica y el Caribe la medianoche se acompaña con la costumbre de comer doce uvas al ritmo de las campanadas.
- En Chile una de las tradiciones más arraigadas es comer lentejas en Año Nuevo, este plato, sencillo pero cargado de simbolismo, representa para los chilenos abundancia y estabilidad económica.
- En las playas de Brasil miles de personas vestidas de blanco saltan siete olas para atraer prosperidad.
América Latina cierra el año con un mosaico de tradiciones: desde las hogueras que iluminan las calles en Ecuador y Colombia, hasta las olas que se saltan en Brasil y las uvas que se comen en México y el Caribe, cada gesto, cargado de superstición, sátira o espiritualidad, refleja la manera en que la región transforma la despedida del año en un acto de esperanza compartida.
En México, Centroamérica y el Caribe la medianoche se acompaña con la costumbre de comer doce uvas al ritmo de las campanadas. Cada uva simboliza un deseo para los doce meses del año, una práctica heredada de España que se consolidó en la región como un ritual familiar cargado de esperanza.
La misma búsqueda de prosperidad se refleja en Chile, donde la tradición de comer lentejas en Año Nuevo se mantiene viva. El plato, sencillo pero cargado de simbolismo, representa abundancia y estabilidad económica, y se consume en la cena o justo después de la medianoche como augurio de trabajo y bienestar.
En Argentina la creatividad popular se expresa en el ritual de caminar con una maleta alrededor de la cuadra. El gesto, repetido por familias enteras, simboliza viajes y nuevas oportunidades en el año entrante.
Mientras tanto, en las playas de Brasil, miles de personas vestidas de blanco saltan siete olas para atraer prosperidad. Cada salto es un pedido a Yemanjá, la diosa del mar en la tradición afrobrasileña.
El fuego en cambio domina las celebraciones en Ecuador y Colombia, donde la quema de los monigotes o muñecos de “Año Viejo” ilumina las calles. Estas figuras representan personajes públicos, políticos o celebridades, y al arder simbolizan la purificación y la renovación.
Pero no todo es superstición o espiritualidad. En Perú y Bolivia los mercados rebosan de ropa interior roja y amarilla, colores que simbolizan amor y prosperidad. La tradición ha adquirido un giro satírico: calzones estampados con rostros de políticos y personajes virales se venden como amuletos y, al mismo tiempo, como crítica social.
En Centroamérica las celebraciones también mezclan rituales familiares y símbolos colectivos. En Guatemala y El Salvador las calles se llenan de pólvora y cohetes, cuyo estruendo simboliza alegría y fuerza para espantar lo malo.
En Honduras y Nicaragua se mantiene la costumbre de quemar muñecos o figuras que simbolizan lo viejo, acompañada de reuniones familiares y música popular que marcan el inicio de un nuevo ciclo.
Así, entre uvas que marcan deseos, lentejas que auguran abundancia, maletas que prometen viajes, hogueras que purifican, olas que traen prosperidad, calzones que ridiculizan a los poderosos y fuegos artificiales que espantan lo malo, Latinoamérica despide el 2025 con un mosaico de tradiciones.
















