Política | Megaproyectos chinos en Latinoamérica bajo escrutinio por abusos y opacidad

Chinese consortium Ecuacorriente' soil analysis laboratory opens at Ecuador's largest mine

Vista de una de las áreas de operación de la minera china Ecuacorriente, en Tundayme, Ecuador, el 15 de agosto de 2024. Source: EFE / José Jácome/EPA

Un exhaustivo informe internacional pone bajo la lupa 14 megaproyectos en ocho países de la región latinoamericana, revelando un patrón sistemático de contaminación hídrica, vulneración de derechos indígenas y una opacidad financiera que está hipotecando la soberanía ambiental del continente desde el Amazonas hasta la Patagonia.


Puntos Destacados:
  • China ha consolidado a Latinoamérica como eje estratégico con miles de millones de dólares en inversión y más de 200 proyectos de infraestructura, pero un informe internacional advierte patrones de daños ambientales y vulneraciones a derechos humanos en al menos ocho países.
  • Casos emblemáticos incluyen la mina Mirador en Ecuador, la hidroeléctrica Ivirizu en Bolivia y los proyectos sobre el río Santa Cruz en Argentina, señalados por impactos en biodiversidad, territorios indígenas y ecosistemas frágiles.
  • Mientras Pekín defiende sus inversiones como cooperación de “beneficio mutuo”, analistas alertan sobre opacidad financiera y el riesgo de una “trampa de la deuda” que podría limitar la capacidad de los gobiernos para fiscalizar y sancionar abusos.

Sinopsis:

Latinoamérica es hoy el tablero estratégico de China. En apenas seis años, empresas chinas inyectaron 172 mil millones de dólares en la región, levantando 200 proyectos de infraestructura. Pero detrás de las grandes cifras de inversión, un informe de organizaciones internacionales revela la "letra pequeña": una estela de daños ambientales y violaciones a los derechos humanos que atraviesa el continente.

El documento "China: derechos humanos y actividades empresariales en América Latina" pone bajo la lupa 14 proyectos financiados por Pekín. La investigación identifica un patrón alarmante en ocho países, desde Argentina hasta Venezuela. Los impactos son recurrentes: contaminación de agua, vulneración de derechos indígenas y represión ante la protesta social.

En la Amazonía de Ecuador, el proyecto minero Mirador ya ha devorado 1,300 hectáreas de selva virgen, poniendo en riesgo a 4,000 especies de plantas en una de las zonas más biodiversas del mundo.

A pesar de las consecuencias ambientales, Ecuador ha concesionado 3 millones de hectáreas a empresas trasnacionales, según el ambientalista Carlos Zorilla.

Cruzando la frontera hacia Bolivia, la hidroeléctrica Ivirizu amenaza el hábitat del oso de anteojos y el jaguar. Pero el daño no es solo biológico; expertos denuncian que las vías abiertas han facilitado el ingreso ilegal de cultivadores de coca, rompiendo el equilibrio del Parque Nacional Carrasco.

En la inauguración, el entonces presidente izquierdista, Luis Arce, destacó la obra para los bolivanos.

Hacia el sur, en la Patagonia Argentina, la hidroeléctrica sobre el río Santa Cruz enfrenta una resistencia feroz: sus críticos advierten que amenaza la dinámica de glaciares milenarios.

Un mega complejo con financiación china generó polémica entre comunidades indígenas y conservacionistas.

Mientras tanto, en Chile, la planta salmonera Dumestre ha reducido la disponibilidad de agua para sus vecinos en 12,000 litros diarios, golpeando la salud de las poblaciones costeras.

Desde las comunidades, la postura es tajante. Sofía Jarrín, de Amazon Watch, sostiene que no es "ayuda al desarrollo", sino proyectos extractivos que aprovechan la debilidad institucional de la región para operar bajo una opacidad financiera que diluye responsabilidades.

Sin embargo, Pekín defiende su modelo. A través de sus misiones diplomáticas, el Gobierno de China asegura que sus inversiones se rigen por el "beneficio mutuo" y el respeto a las leyes locales. Argumentan que sus obras generan empleos y la energía que Latinoamérica necesita para superar el subdesarrollo.

Además, China ha destinado 10,000 millones de dólares para nuevos créditos en América Latina, según el presidente Xi Jinping.

La realidad es compleja. China ofrece créditos que organismos como el Banco Mundial han dejado de financiar. Pero analistas advierten sobre la "trampa de la deuda": una dependencia económica que termina atando las manos de los gobiernos locales, impidiéndoles sancionar los abusos de sus principales prestamistas.

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