Puntos destacados:
- Con el objetivo de frenar el avance de China en la región, el presidente Donald Trump liderará este sábado en Miami una cumbre de mandatarios latinoamericanos conservadores.
- La cita prioriza la seguridad hemisférica y ofrecerá incentivos económicos a cambio de limitar los acuerdos tecnológicos y de extracción de recursos con empresas estatales de China.
- En su primer día del retorno a la Casa Blanca, el presidente Trump manifestó hace un año que Estados Unidos no necesitaba de Latinoamérica.
En un movimiento que promete sacudir los cimientos de la diplomacia hemisférica, la Casa Blanca confirmó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezará una cumbre de mandatarios latinoamericanos este sábado en Miami.
La cita, que reúne a una selección estratégica de aliados, no solo busca coordinar políticas de seguridad, sino que marca el inicio de una ofensiva frontal para desplazar la influencia económica de China en el continente americano, bajo la estructura de lo que analistas ya denominan una "OEA paralela".
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirma la cita en Miami.
Todos los participantes son aliados ideológicos de Trump: el argentino Javier Milei, el chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz, el costarricense Rodrigo Chaves, el dominicano Luis Abinader, el ecuatoriano Daniel Noboa, el salvadoreño Nayib Bukele, el hondureño Nasry Asfura, el panameño José Raúl Mulino, el paraguayo Santiago Peña y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
El nuevo mandatario de Honduras ya viajó a Estados Unidos.
Además, la presencia del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien viajará a Miami apenas días antes de asumir el cargo el 11 de marzo, subraya el carácter refundacional del encuentro.
El objetivo central de esta cumbre es económico y geoestratégico: frenar el avance de China que impulsa la Ruta de la Seda en América Latina. Fuentes de la administración estadounidense indican que Trump ofrecerá incentivos comerciales y de inversión en infraestructura a cambio de que estos países limiten sus acuerdos tecnológicos y de extracción de recursos (como el litio y minerales críticos) con empresas estatales chinas.
En su primer día del retorno a la Casa Blanca, el presidente Trump manifestó hace un año que Estados Unidos no necesitaba de Latinoamérica.
En tanto, la exclusión deliberada de potencias como México y Brasil ha profundizado una grieta geopolítica sin precedentes. Mientras el gobierno de la progresista Claudia Sheinbaum mantiene un hermetismo cauteloso y el del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva califica la reunión como una "cumbre de facciones", críticos como el colombiano e izquierdista Gustavo Petro denuncian un intento de reimponer la Doctrina Monroe.
En última instancia, la cumbre del sábado formaliza una América Latina de dos velocidades: una alineada rígidamente con la seguridad y economía estadounidense, y otra que queda en la periferia de la influencia de la Casa Blanca, enfrentando posibles aranceles y aislamiento diplomático.







