PUNTOS DESTACADOS:
- El primer antecedente se remonta a 1954, cuando la CIA organizó una operación encubierta en Guatemala para derrocar al presidente Jacobo Árbenz.
- Después vino Cuba en 1961, cuando un grupo de exiliados entrenados por la CIA intentó derrocar al gobierno socialista de Fidel Castro sin éxito.
- La más reciente incursión ocurrió en 1989 en Panamá, la cual culminó con la captura del general Manuel Antonio Noriega.
El ataque aéreo ejecutado por Estados Unidos contra objetivos militares en Venezuela no solo ha desatado una crisis regional, sino que también se inscribe en una larga historia de intervenciones directas de Washington en América Latina.
La incursión militar estadounidense ocurrida el sábado 3 de enero se trata de la sexta operación castrense de este tipo en los últimos 75 años y la primera en el siglo XXI, lo que marca un giro en la política exterior estadounidense hacia la región.
Sin embargo, si se incluyen las acciones encubiertas reconocidas oficialmente, como la injerencia en Chile en 1973, el episodio se convierte en la séptima intervención estadounidense en la región, reactivando el debate sobre soberanía y hegemonía.
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La ofensiva fue presentada por Trump como una actualización de la Doctrina Monroe, formulada en 1823 bajo el principio de “América para los americanos”. Por tanto, anunció que Estados Unidos “gobernará” Venezuela y controlará la producción petrolera.
El primer antecedente se remonta a Guatemala en 1954, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA) organizó una operación encubierta para derrocar al presidente Jacobo Árbenz, un líder izquierdista reformista que impulsaba una reforma agraria contraria a los intereses de la estadounidense United Fruit Company. Árbenz renunció y se exilió en México, Checoslovaquia y Uruguay, donde murió en 1971.
Después vino Cuba en 1961. Exiliados entrenados por la CIA intentaron derrocar al gobierno socialista de Fidel Castro mediante la invasión de Bahía de Cochinos. El fracaso militar en apenas tres días dejó más de 100 muertos entre los invasores y cientos de prisioneros, que luego fueron liberados tras negociaciones.
Fidel Castro se consolidó en el poder hasta su retiro en 2008 y murió en 2016, convirtiéndose en símbolo de resistencia frente a Washington.
Años después, en República Dominicana en 1965, más de 20,000 marines estadounidenses desembarcaron para frenar lo que Washington consideraba una amenaza comunista tras el intento de retorno del presidente Juan Bosch, de tendencia progresista y socialdemócrata.
Bosch fue obligado al exilio y nunca volvió al poder, aunque siguió siendo figura política y literaria hasta su muerte en 2001. La intervención dejó más de 3,000 muertos, en su mayoría civiles, según reportes históricos y organismos dominicanos.
En paralelo, en 1973 Chile vivió el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet contra el presidente socialista Salvador Allende, quien se habría suicidado durante el asalto al Palacio de La Moneda. Décadas después, Estados Unidos reconoció oficialmente su injerencia.
En el 2000 el Congreso publicó el Informe Hinchey, confirmando que la CIA financió partidos opositores, medios de comunicación y acciones encubiertas para desestabilizar al gobierno de Allende.
La secuencia continuó en Granada en 1983, cuando el golpe que depuso y ejecutó al primer ministro Maurice Bishop, líder de tendencia socialista revolucionaria. Este acontecimiento llevó a Ronald Reagan a ordenar la Operación Furia Urgente.
Finalmente, en Panamá en 1989, el entonces presidente George H. W. Bush ordenó la Operación Causa Justa que culminó con la captura del general Manuel Antonio Noriega, un líder militar autoritario que había pasado de aliado de Washington a señalado de narcotráfico.
Noriega fue trasladado a Estados Unidos, donde fue juzgado y encarcelado; posteriormente cumplió condenas en Francia y Panamá, y murió en prisión en 2017.
Tras la captura de Maduro, Donald Trump advirtió que Cuba está “a punto de caer” por la pérdida del apoyo petrolero venezolano.
En contraste, sus declaraciones sobre Colombia fueron más agresivas al acusar al presidente Gustavo Petro de “fabricar cocaína” y afirmó que una operación similar a la realizada en Venezuela “le sonaba bien” para Bogotá.

















